Don Quijote: ¿ficción o historia?

octubre 11, 2007 at 2:29 am (akurion3, ensenada, ensenada civil, glob, la nave de los locos, la nave de los locos 2, la representacion, representa)

Bruce W. Wardropper, «Don Quijote: ¿ficción o historia?», en G. Haley (ed.), El Quijote de Cervantes, Madrid: Taurus, 1984 (1965), pp. 237-252.

“Aunque hoy día llamamos novela al Quijote, Cervantes no lo llamó así. La palabra novela es moderna en español; no existía entonces en el sentido de ficción extensa en prosa y se aplicaba solamente a las narraciones cortas de origen italiano. Otro grupo de palabras que se usaron para designar ficción más extensa en prosa derivan del latín romanice; en Francia, roman incluyó la obra de ficción en prosa, cuando la palabra equivalente en España, romance, tenía ya otros significados. [1] No existía, pues, un nombre genérico para las tempranas obras de ficción en prosa. [2] Las obras de caballerías y pastoriles se llamaron libros, y las sentimentales, tratados; La lozana andaluza de Francisco Delicado es un retrato, y las obras picarescas son vidas. En las portadas de los dos tomos de su obra maestra, Cervantes se abstiene cuidadosamente de clasificar su obra: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha. En el prólogo de la primera parte, el amigo que le aconseja sobre los preliminares de la obra la llama simplemente libro. Si, como el amigo supone, el Quijote es esencialmente una parodia de los libros de caballerías, se podría pensar que el término usado para designar el original —libro— sería el más apropiado a la parodia. Cervantes, sin embargo, lo usa rara vez en el texto. Prefiere llamar a su obra historia, en el sentido, no de invención ficticia, sino de historia verdadera. Naturalmente sabemos que no lo dice en serio; el Quijote puede ser libro de aventuras, novela u otra clase de ficción, pero indudablemente no es historia. Tenemos que hacer frente, pues, a una narración que pretende pasar por historia, una obra que se finge históricamente verdadera, dentro del marco de la ficción. A mi modo de ver, el estudio del Quijote ha de empezar por esta paradoja.”

… 

 “Los investigadores tradicionales explican el surgimiento de la novela como una prosificación de la materia épica, con importantes mutaciones genéricas, resultado del cambio de oyente masculino a lectora femenina, de la plaza pública al tocador, de la recitación en público a la lectura privada. [12] En sentido estricto, esta explicación abarca solamente la ficción idealizada de los libros de aventuras: narraciones de asuntos caballerescos, troyanos, alejandrinos, y más tarde pastoriles —en suma, asuntos fabulosos—. [13] Mientras tanto, la gente del pueblo seguía contando sus cuentos de viva voz y en prosa. Del mismo modo, aunque con propósito didáctico, se importaron cuentos orientales, que se vertieron al latín o a las lenguas vernáculas a beneficio de predicadores o de quienes buscaran ilustraciones morales edificantes. La ficción medieval en prosa —si excluimos la obra de un innovador tal como el Boccaccio— se compuso de libros de aventuras, cuentos folklóricos y exempla. Ninguno de estos tipos de narración se relaciona claramente con la novela moderna. Esta novela se arraiga en la historiografía. [14]

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“Los problemas que acarrea el escribir ficción en prosa son intrínsecamente asuntos excelentes para la ficción en prosa. El modo prosaico suministra una alegoría ya confeccionada para expresar el dilema moral del hombre, quien tiene que vivir en un mundo donde los límites entre la verdad y la falsedad son imprecisos.”

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“El gran mérito del barroco español consistió en que los escritores de ficción, tanto en prosa como en verso, entendieron la analogía entre su dilema profesional y el de sus lectores, y lo explotaron al máximo.”

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 “Esta manera de percibir la imprecisa frontera entre historia y ficción, entre verdad y mentira, entre realidad e invención, es lo que constituye el Quijote de Cervantes, es lo que distingue a la novela del libro de aventuras. La novela es el género más consciente de sí mismo y el más introvertido. [18] A diferencia de los libros de aventuras bizantinos, la novela es sensible a sus orígenes historiográficos y reconoce la necesidad de manipular su pretendida exactitud histórica con grandes dosis de ironía.”

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“La expresión cervantina de la autoconciencia novelística es compleja. Puesto que su tema es ficticio, tiene que recurrir a estratagemas diversas para persuadir, y si es posible convencer, al lector de que don Quijote de hecho vivió y realmente hizo lo que de él se dice que hizo. Hemos notado ya las repetidas pretensiones de que la suya es verdadera historia. Pero hay algo más que esto. El realismo de las ventas y los caminos de la Mancha, [19] la perfecta verosimilitud de personajes tales como Maritornes o don Diego de Miranda, la autenticidad histórica comprobada del bandolero Roque Guinart; tales detalles cautivan en el lector la voluntad de no creer. Las alusiones a los Anales de la Mancha, a sus Archivos, al manuscrito que se halló en Toledo, al cofre de plomo lleno de versos que se descubrió en la destrucción de una ermita, las intrusiones del historiador Cide Hamete y de su traductor, todo ello contribuye a la creación de un vasto aparato histórico, que da a todos y a cada uno de los capítulos la ilusión de ser históricamente verificables. Las dudas que suscita el traductor sobre la naturaleza posiblemente apócrifa de la conversación entre Sancho y su mujer o el descenso de don Quijote a la cueva sirven para dar un mayor sentido de exactitud histórica al resto de la narración. Finalmente, gracias a la intervención providencial de Avellaneda, la autenticidad histórica del don Quijote cervantino queda establecida en contra de las falsas pretensiones del ficticio don Quijote que aparece en la segunda parte apócrifa de Avellaneda. [20] El don Quijote real e histórico se ve forzado a salir al frente para identificarse. [21] El lector del Quijote no quiere creer realmente que lo que se narra es historia; por eso el autor tiene que esforzarse por desgastar su resistencia crítica.”

¿Qué ha conseguido Cervantes al hacer pasar su relato por historia? La respuesta neoaristotélica es sencilla: ha conseguido verosimilitud. [22] Pero ha hecho algo más: ha borrado la línea divisoria entre lo actual y lo potencial, lo real y lo imaginario, lo histórico y lo ficticio, lo verdadero y lo falso. Hasta el punto que ha tenido éxito, ha eliminado el escrutinio crítico del testimonio. Ha escrito una novela, la primera novela, novela que trata del problema que acarrea el escribir novelas.”

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Un escéptico, como Cervantes, difería el juicio, y consideraba la dificultad que hay en separar el hecho histórico del engaño ficticio. Y si, también como Cervantes, tenía la mentalidad libre e inquisitiva, reflexionó en el dilema humano que presentaba la incierta frontera entre la ficción y la historia.” 

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Cervantes, que en el Quijote está escribiendo la primera novela, se obliga a complicar enormemente el papel desempeñado por el autor. Así interviene en los sucesos para aconsejar al lector lo que debe creer o para apartarle de la locura total con la frase «y así era la verdad». [44] Inventa un seudohistoriador, cuyo crédito es a la vez atacado y defendido. Y este falso historiador desempeña un papel en la novela secundario solamente al de los protagonistas don Quijote y Sancho. Esta novela es, pues, una falsa historia, en la que el historiador toma aún mayor importancia que la del autor en los libros de aventuras. La novela surge de la falsa historia y resulta ser mucho más autoconsciente que los antiguos libros de aventuras.”

 “Cervantes corrió ese riesgo —el riesgo de fomentar la locura que deploraba— porque en esta locura común yacía la prueba de una verdad relacionada con el mundo humano que la Contrarreforma estaba suprimiendo. La verdad, lejos de ser sencilla, es compleja y en último extremo inalcanzable en toda su complejidad. Es imposible abarcar la verdad en su totalidad; se pueden alcanzar solamente diversos aspectos de una verdad parcial. Ésta es la gran lección de la historiografía, si no de la historia misma. De ahí que la obra de Cervantes sea abierta. El loco es también cuerdo. ¿Quién puede decir cuándo empiezan y cuándo terminan los intervalos de lucidez de don Quijote? [48] ¿Hemos de simpatizar con el cura de la aldea, cuyas buenas intenciones —el amor a su amigo y el deseo de que se cure— vienen contrarrestadas por su afición al histrionismo? ¿Hemos de condenar al grave eclesiástico, capellán de los duques, cuyo gesto agrio y severidad inhumana hacen de él uno de los más desagradables personajes de la obra, pero que, al mismo tiempo, es el único entre los miembros de la casa ducal que protesta de que los ricos ociosos, para su entretenimiento, atormenten a un loco? Estos personajes, todos los personajes cervantinos, son compuestos de cualidades antitéticas. Ésta es la realidad humana que Cervantes intenta comunicar. La obra misma —fusión de diversos tipos de ficción, caballeresca, sentimental, pastoril, picaresca, cuentos/poesías— es un reflejo fiel de la hechura multifacética del hombre. El medio artístico que elige Cervantes para presentar su sentido complejo de la verdad es naturalmente una obra híbrida. ”

 “El Quijote es un compendio de todos los géneros literarios anteriores, y supone la continua eliminación de fronteras imprecisas, al mismo tiempo que desdibuja los límites entre la historia y la ficción. Ésta es la principal intuición sobre la que Cervantes construye su novela. “

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1 comentario

  1. Don Quijote: ¿ficción o historia? | fichero akurion said,

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